Viernes
El tañido de la campana parroquial de La Sagrada Pasión, que anuncia la misa de siete. Con pereza disfrazada de enojo, abre los ojos y un tímido rayo de sol se filtra por la cortina, dibujando figuras injustificadas en la pared. Parecieran llamaradas de luz en su intento por alcanzar los ejemplares alineados por altura en los cuatro anaqueles del improvisado librero formado de guacales apilados y pintados de colores llamativos. Escenario jovial y muy distante de su personalidad un tanto marchita; colgada de una eterna sonrisa para disfrazar el cúmulo de lágrimas contenidas.
Al cobijo de sus hábitos, transcurre el día. Un ir y venir sin tregua y mientras se acerca el tiempo del encuentro como cada viernes, los pies ganan agilidad y el pálpito del corazón le va dictando palabras insignia, que como llaves, abrirán las gavetas de los recuerdos.
En realidad es su abuela materna el origen del sentido de sus cavilaciones. El eco de su voz, retumba en las entrañas para inspirar cada una de sus narraciones: son pedazos de su cuerpo y sentimientos. Sabedora de esta iluminación se reconoce como simple instrumento que transcribe el parlamento: que es el decir de su abuela.
A las cinco de la tarde, como todos los viernes, se reúnen media docena de mujeres y ella, la nieta de esa abuela ya fallecida en el salón principal del Centro Cultural Comunitario de la colonia. Una casa de dos niveles, que fue acondicionada para aglomerar un colectivo en donde la cultura y las artes fueran el pretexto para que ahí se impartieran talleres y cursos dirigidos a niños y adultos.
Solicitando el pago simbólico de una aportación mensual para afianzar el compromiso del alumnado, desde hace diez años y gracias a la iniciativa de un grupo de empresarios locales y bajo la administración del gobierno municipal esta casa ha brindado a los vecinos actividades diversas; desde muestras pictóricas, productos y obras artesanales de las manos del alumnado, hasta funciones de teatro y grupos musicales.
En el caso particular de la nieta, impulsada por el deseo de participar en un taller experimental de escritura creativa, solicitó a la directora, la licenciada Flores que le permitiera convocar a mujeres adultas mayores para recrear con palabras, las anécdotas de su vida. Un recorrido subterráneo que les proporcionara material para legar un aporte a la construcción narrativa de este andamiaje generacional de la cual son parte.
Fue la abuela materna quién sembró la semilla de la unidad familiar y el deseo de escribir para contar su historia; ella creció en un Internado para niñas y reconoce el valor del amor fraternal.
La abuela fue quién le forjó en todo lo que es. Es su ejemplo guía: su origen y su meta del proyecto literario.

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