17/52 RETO DE ESCRITURA
Soy un par de labios clausurados, he cerrado la puerta de entrada de este órgano fonador que es la cavidad bucal, cuerdas, campanilla, laringe y todo lo demás. He callado durante tanto tiempo, que mis quijadas han perdido la movilidad en sus articulaciones. Cuando hablo, más allá de diez oraciones encadenas, me invade un sentimiento de culpabilidad que me sacude para recordarme porque no debo forzar las puntadas que mantienen unidos esta parte de mi rostro. Yo me pregunto: ¿cómo para qué, hablar? Al hablar, al pronunciar desde un trivial ‘Buenos días’, hasta una opinión profusamente elaborada, obligamos a los que nos escuchan a recibir este conjunto de vocablos, a perforar sus tímpanos con nuestras declaraciones que pueden llegar a romper, agredir al otro o mal informar; es como si vertiéramos el bote de desperdicios sobre el auditorio. No es correcto, desde mi ineptitud contaminar a los receptores. Sin embargo, no considero que he convertido mi mutismo en un estandarte que...