Viernes
El tañido de la campana parroquial de La Sagrada Pasión, que anuncia la misa de siete. Con pereza disfrazada de enojo, abre los ojos y un tímido rayo de sol se filtra por la cortina, dibujando figuras injustificadas en la pared. Parecieran llamaradas de luz en su intento por alcanzar los ejemplares alineados por altura en los cuatro anaqueles del improvisado librero formado de guacales apilados y pintados de colores llamativos. Escenario jovial y muy distante de su personalidad un tanto marchita; colgada de una eterna sonrisa para disfrazar el cúmulo de lágrimas contenidas. Al cobijo de sus hábitos, transcurre el día. Un ir y venir sin tregua y mientras se acerca el tiempo del encuentro como cada viernes, los pies ganan agilidad y el pálpito del corazón le va dictando palabras insignia, que como llaves, abrirán las gavetas de los recuerdos. En realidad es su abuela materna el origen del sentido de sus cavilaciones. El eco de su voz, retumba en las entrañas para inspirar cada una de sus...