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Mostrando entradas de octubre, 2022

48/52 reto de escritura

Viajo a la velocidad de la luz, y soy capaz de descifrar, transcribir y descodificar. Mi misión es leer al mundo, con todo y sus habitantes vivos, orgánicos e inorgánicos. Leo el mundo y sus etiquetas, códigos de lenguajes mudos que palpitan al compás del titilar de los astros. Voces, producto de la oralidad de cada pueblo originario. Gracias a mi, y mi poder de abstracción que he influenciado en sustantivos, nombres propios y comunes con que he etiquetado cada parte del todo. Nacidas de las madres onomatopeyas, que parecen ser palabras sin sentido, pero que encierran la esencia, el alma de cuanto existe. He visto el rugir de Gea, de Hera y de Eva. Úteros perennes en contínuo alumbramiento. Luz y Sombras. Cristal y Acero es mi mirar.

47/52 reto de escritura

La vida se define con la interpretación de nuestro entorno, de nuestra percepciones. Del particular proceso cognitivo. Yo soy el resultado de mis ancestras, de mi linaje que me precedió y es través de sus legados que abrazo a este mundo que vivo. Lo miro desde el arcoíris de mi sentido común. Con destellos y sombras que cubren mis pupilas. Sin embargo, es el amarillo, —no se porqué— quien se adueña de mi vista con más frecuencia. Miro de este color, incluso en las noches, que a pesar del resplandor de la luna y el titilar de millones de diminutas estrellas en el firmamento me arropa y se adueña de mi para entintar mis sueños de ambarino. Mirar atreves del color amarillo es confiar y no perder la esperanza. Me permito oler al amanecer con el impuso estimulante del café recién tostado; y durante el transcurso de las horas es la arrogancia de las corolas vencidas ante el rocío quienes elevan sus pistilos saludando a los elementales de la naturaleza. El trinar de las aves, como suaves gui...

46/52 reto de escritura

¡Ay, caray! Mi nieta, me mira con su par de ojos nuevos, con esa vista de primavera en donde apenas van brotando los capullos en flor y me pregunta: Abuela, ¿Cómo era tu abuela? Y con pausa, le comento: —Sammy, me abuela era una mujer fuera de este planeta zafio y soso. De esta humanidad que se dibuja de acuerdo con los encabezados del periódico. El mundo que transcurre afuera en la calle, del otro lado del portón, entre bocinazos de automóvil y el llanto de los desamparados. Mi abuela, tuvo el tino de construir su hábitat propio, para ella y para sus hijos. Su mundo estaba delimitado por 600 metros cuadros, custodiado por árboles, plantas, frutas, flores y mascotas. Las habitaciones como satélites giraban en el firmamento que desde el patio central se observan. Ella filtraba al universo con todo y estrellas, nubes y viento que traían el olor a merecía, a coral y espuma del mar. En esa casa violeta, era alfombrada por los cientos de jacarandas en flor que en otoño besaban el pavimento...

45/52 reto de escritura

Casa de color rosa pálido. La casa de mi abuelita materna, quien es junto con mi madre, las dos mujeres que más han influido en mi formación, está ubicada muy cerca de la Basílica. Todos en la familia somos devotos de la Virgen de María. Por lo tanto, era cotidiano acudir a los servicios religiosos. Cuando era niña, esta costumbre, no era de mi agrado. Porque ir a misa los domingos era casi un tormento. Ya que siempre hay una multitud embutida en el recinto y por lo tanto, nunca alcanzaba, —por mi corta estatura— ver nada más que piernas y traseros de la gente. Así que cuando era el momento de la consagración y debía prosternarme, por la general no lo hacía. El calor y el humor concentrado me tenía molesta. Llegué a recibir algún coscorrón por no hacerlo y entonces, no me queda más opción que hacerlo. Estos recuerdos pertenecen a la época en que todavía no construían la nueva Basílica. Y si la memoria no me traiciona en el altar mayor, donde se encontraba la bendita tilma del indio Jua...

44/52 RETO DE ESCRITURA

La Tierra bostezó. —Tranquila, señora. Ya pasó. —abracé a la mujer— Mientras tanto las personas a mi alrededor, algunas como estatuas permanecían ancladas a la acera; otras corrían en todas direcciones y más allá, como racimos se enlazaban. No comprendo por que le dije eso. En realidad seguía el movimiento. Mi reloj marcaba las 7:17 am. La Señora era una persona de edad avanzada y al rodearla con mis brazos las dos nos contagiamos del temblor, que desde los pies, en contacto con el pavimento, la corteza terrestre nos comunica su voluntad rebelde. —Abuelita aquí estoy, junto a tí. —una jovencita se aferró a cuerpo, con desesperación—. —Abue, recuerda que se te sube la presión y te puedes sentir mal. Respira hondo. —M’jita. Me asusté porque no te vi. Recuerda que yo perdí a tu tía en el terremoto del 58, cuando se cayó el Ángel de la Independencia en el Paseo de la Reforma. —Si, lo sé. Ven, conmigo, y vámonos a rezarle a la Virgencita Nuestra Madre para que nos cuide y proteja. —Gr...