43/52 RETO DE ESCRITURA
Camina junto a mí, puede decirse que su aliento crispa los vellos de mi nuca. Esta sensación es tan real que siento el calor que emana de su invisibilidad. Sin embargo, no hay nadie. Extiendo mis brazos hacia todas direcciones esperando tocar este ente que no se separa de mí. Y, no hay nadie. Nadie hay a mi alrededor. Después de tanto tiempo, hoy ya no me perturba. Me he acostumbrado a su proximidad. Incluso, he desarrollado una complicidad con esta entidad que me permite realizar osadías y demás travesuras que la imaginación me dicta. Por ejemplo, hace unos días, toqué el timbre de una casa cualquiera y continué caminando a paso lento. Sin mirar hacia atrás. En otra ocasión, aprovechando que un grupo de personas subimos al transporte público, no pagué el peaje. En realidad, esta nimiedades me confieren cierto “poder” y “libertad”, he pasado toda la vida ceñida a los prejuicios; cuando era niña por el mundo de los adultos, y de adulta del “deber ser” y las normas sociales. De obligar...