AROMAS
La bóveda, se yergue holgazana y muestra el color del paraíso celestial. No se aprecia ningún polizonte. Salvo un punto negro que resulta ser el cazador alado que escudriña el terreno volando en perfectas geometrías. Círculos sin fin. Y justo en el zenit, cuando el astro mayor concede plomo y los más avispados se amparan bajo el corpulento matorral, o al menos, bajo el resguardo de alguna sombra que surja desde la jungla gris desmayada sobre el pavimento. Justo ahí, una nube curiosa, se ha separado del rebaño, aburrida de la trayectoria de los Alisios y desencantada de convivir en hacinamiento. Las otras, sus compañeras, no comprenden que es posible divisar otros panoramas y sobre todo respirar diferentes aromas. No, por supuesto que no, no son los mismos espíritus que se elevan gracias a la humedad en la entrega. Cada región tiene su propia emanación. La nube tal cual acosadora, en sigilo explora el terreno y en el momento oportuno, se despabila y desata los cabellos. De ellos esc...