40/52 RETO DE ESCRITURA
Algo se mueve entre los helechos. ¿Qué será? y ella tan torpe con este bastón.
Sin más ánimo que la curiosidad se encamina, permitiéndose darse pausas para recobrar fuerza en sus piernas que por breves instantes deja de sentir, en otros el dolor le provoca un quejido desde el fondo de su ser. Levanta la mirada al cielo, en actitud de suplica. Sin embargo, la anciana cree que no será escuchada porque el cielo encapotado se interpone entre ella y su creador, la bóveda celeste se ha obscurecido ahora es un espeso manto gris con nubarrones y sin sol. Viento de lluvia, como presagio de la tormenta que se avecina. Por lo que está a punto de renunciar, cuando alcanza a escuchar un piar desfallecido. Decide seguir, faltan unos pasos más:
Es un ave, que ante la presencia de Esperancita pretende extender sus alas, le es imposible. Un de ellas está quebrada. La vieja titubea entre dejarla ahí para que otra persona se apiade o ella llevarla a su casa.
Decide dejarla: reconoce que no es posible ella misma de hacerse cargo de su persona, mucho menos de un animal que requiere ser alimentado y protegido durante varias semanas. Además, llevárselo corta de tajo la oportunidad de que otra persona con mejores oportunidades le proporciones ayuda.
Continúa su camino. Sin poder apartar de su pensamiento la imagen del alado, con la ala rota; el pico abierto y los ojos fijos en la mujer. Seguramente invadido de miedo y dolor. Gruesas gotas de la eminente lluvia se mezclaron con su lágrimas.
La vida es tan injusta y triste.
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