52/52 RETO DE ESCRITURA
La gula
El tenue límite de la sana saciedad y de la obsesiva necesidad de recibir alimento es un hecho circunstancial: muy lejos de satisfacer un requerimiento corporal para aportar nutrientes al cuerpo nuestro en cada día. Sin olvidar a la personalidad del sujeto.
Como ejemplo: cierra los ojos y con el poder de la imaginación visualiza a la señora gula como una medusa con docenas de tentáculos. Cada extensión es una representación de sus necesidades a satisfacer, por lo que reclama atención.
Hablemos de mi gula, la que se llama como mi nombre y tiene nueve meses más que yo. En general mi necesidad de alimento es diferente y va de acuerdo a las circunstancias predominantes.
Seguramente ya has escuchado cien historias de banquetes suntuosos y nefastos. Que me importan en estos momentos hablar de ellos.
Mi mas reciente episodio de gula, es como un sueño kafkiano; mis labios, dientes, lengua, engañen cada parte de mi cuerpo, empezando por las manos: hasta que al final queda solo la boca, enorme, desfigurada. El terror de extraviarme dentro de mi propia sacude las pesadillas.
Sin embargo, hoy es otro mi anhelo: pretendo que los alimentos me posean, se adueñen de mí, se integren a mis diferentes texturas, deseo mezclarlos de mis íntimos sabores y olores. Aleación provocativa. Dejar de ser yo, para pasar a ser en ellos, como ellos mismos.
Me apetece sumergirme, en un pastel de exótico chocolate, entre sus grumos, y deslizarme por el delicado betún; hundirme en un flan horneado de vainilla; suave, tibio de tropical esencia a vainilla. Embarrarme con helado de mamey; frío, estremecedor, que me recuerde mi obligada desnudes sin pudor; afanosa búsqueda del picor del chipotle suavizado con aceite de maíz, y un toque de miel. Bucear en un curado de guanábana: bañarme en una margarita frozen para luego entonces escarcharme con sal y limón.
Prefiero cerrar los ojos y perder la noción del tiempo, reposar en estos aromáticos sabores, que mi pelo se endurezca por el azúcar y chocolate cuajado, que mis labios se sellen en estos culinarios candados, quiero sentirme deseada, voluptuosa, con provocativa sensualidad frívola en la piel como vestido, adornado con flores de Jamaica y bugambilia. Que las hormigas marchen sin fatiga por todos mis caminos, llevando a cuestas los granos de azúcar y sal, que las mariposas se posen sobre mis pestañas, atraídas por el néctar de mi seductora apariencia. Sugestivo banquete y convertida en manjar suculento, y así, sonreír a pesar del holocausto, al ser devorada para mañana volver a surgir de las moronas esparcidas y en tu recuerdo llegar a ser el mejor de los alimentos…
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