50/52 RETO DE ESCRITURA
Recién despierto, parpadeo repetidas veces para acostumbrar mi vista a la penumbra; deduzco que es más del medio día, porque a través de la ranura entre las gruesas cortinas como intruso malévolo se filtra un grueso rayo del sol. Me duelen los músculos, atrapados bajo pesadas mantas que me sepultan, incluso percibo cierta dificultad para respirar, ¿será que la atmósfera cargada de mi aliento contenido entre estas obscuras paredes, me lo impiden? Giro, con lentitud y veo una silueta en el reflejo del espejo. Un cuerpo desmembrado por fragmentos de sábanas y edredones que han entretenidos mis miembros; atisbo una cabellera colgante que me indica el lugar en donde reposa mi cabeza. Respiro hondo y me niego a seguir discurriendo.
Esta inapetencia de pensar y repensar para encontrar en la retrospección y en el discernimiento los elementos que me lleven a tomar el pleno control de mi misma, es de lo que más terror me causa. Al contrario, cuando me instalo en la inactividad, en el únicamente dejarme llevar, para no recapacitar, adormece no sólo es espíritu, el alma y todos mis sentidos. ¿Nunca te has subido a la nube más brillante o en la cresta de la ola que acaricia la suave arena, para huir en el sinsentido?
Porque cuando dejo las reflexiones bajo llave, y paso por alto el hábito de escarbar en mis conocimientos, en las neuronas y repudio la facultad innata para ejercer el supremo don que como ser humano tengo, opto en convertirme en un mueble sin propósito, sin siquiera tener la posibilidad de encontrar las razones que justifiquen mis otras flojeras físicas.
Dejar de usar mis aptitudes, mis habilidades y capacidades por el simple deseo de la nada, no es la muerte anticipada, no es el desierto en la tierra prometida y tampoco es entrar a habitar en el lado obscuro de la luna y mirar por las noches la cara de Lilibeth, mucho menos es entonces vivir sin sentidos y carencias del para que vivir, esta no es en verdad. Es un mirar la otra cara de la moneda, es usar la creatividad, la actitud constructiva, es el suicidio de lo cotidiano, es concederle al cadáver un nuevo aliento: para vomitar el veneno tragado, defecado, cohabitado y durmiendo aletargado.
Vestirse del día martes, oler a un día once de abril, de un año primo. Calzarse con las medusas de los océanos, bailar con las frondas de las ceibas sagradas y dejarse dirigir por la rosa de los vientos. permitir días sin propósito, meses neutros, años en números rojos; tiempo sin desperdicio. A esto no se le puede llamar Pereza. Sino vagancia mental.
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