49/52 RETO DE ESCRITURA

IRA Te lo dije antes y te lo vuelvo a decir: tanto es mi alivio emocional que propicio episodios de ira; esos momentos de rabia explosiva, me elevan a la cima del cráter para mezclarme con el magma. Es más, me hayo siempre lista para estallar a la menor provocación a quienes se me pongan enfrente. Te voy a explicar porqué. La cólera me sirve como válvula de escape; es fuga de emociones y sentimientos negativos acumulados durante las últimas horas, y según sea necesario, a manera de sangría me permite mermar la frustración y el enojo, me sirve para desgarrar no sólo de la garganta con mis vociferantes gritos; además, y siendo lo más importante, rompe en jirones las ansias, permitiendo de esta manera trasladar mi insatisfacción a la representación del vigor, de vida plena. Te explico, cuando me enojo de esta manera con arrebato, se eleva mi autoestima al situarme enseguida por encima de cualquiera, sin importar requisito o situación; me robustece, acelera mi pulso, mi sangre golpea las venas, la insulina eriza mi piel; entonces, me transmuta en un ser enorme, en un personaje poderoso, invencible: inmortal. En medio de este trance, obtengo el poder para enfrentarme contra todos los que rechazan mi parecer irrefutable; porque son verdaderos y punto. Luchar incluso contra ti si es preciso. Si tú, que en este momento, tienes ante los ojos este texto o escuchas en mi voz su lectura, aparentando peculiar interés. Finalmente no me importa lo que pienses al respecto. Expresarme en mi derecho, y más que nada para validar mi voz ante el mundo entero, y tú, como testigo escuchando o leyendo lo que reconozco en mí, del valor para lanzar al viento mis opiniones. Dejar de mirar el color del polvo que en mis sandalias se adhiere. ¡Eh! pues, aplaude conmigo si estás de acuerdo con adoptar esta actitud iracunda que agiganta, como remedio contra la abnegación. Es preciso una recomendación. Gritar y despotricar con la condición que no sea contra uno mismo. Verás, un par de ocasiones, he sido objeto del antinatural desprecio autodirigido; en otro sentido, te comparto que después de la exacerbación, en contadas ocasiones, el remordimiento me toma por sorpresa, por consiguiente hago un rápido recuento y repaso de los hechos; reflexiono y encuentro justificantes, incluso añadiendo otros nuevos, para acreditar el episodio de ira, y así, con ellas en mi mente tengo los elementos necesarios para borrar en un par de segundos este sentimiento incómodo, esa llamada de atención de mi consciencia. Con estas evidencias encuentro las disculpas a mis razones, con ellas anestesio mi estúpido discernimiento, enajenado por tanta cursilería. Anulo esos pensamientos castrantes que reprimen y ahogan la voz de mi identidad, de mi intelecto construido con artesanal perspicacia. ¿Por qué no permitir estos exabruptos?, ¿por qué no dejar correr el instinto?, ¿has pensado que la capacidad de argumentar es cualidad que solo nos concierne a los entes pensantes?, dime tu, cuando has visto enfadada a una piedra o a un geranio, cuando has reconocido el desdoblamiento de un ser inanimado, te lo digo en una palabra NUNCA, esta es la capacidad que nos jerarquiza a todos los seres humanos, el reconocimiento en primer lugar y luego el uso de los sentimientos, de las emociones que emanan de ellos y de las habilidades que desarrollamos en consecuencia. Por lo tanto un par de episodios de ira a la semana, mantienen el sano e higiénico equilibrio orgánico. ¿estás de acuerdo?

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Domingo 30 de Julio de 2017

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