43/52 RETO DE ESCRITURA

Camina junto a mí, puede decirse que su aliento crispa los vellos de mi nuca. Esta sensación es tan real que siento el calor que emana de su invisibilidad. Sin embargo, no hay nadie. Extiendo mis brazos hacia todas direcciones esperando tocar este ente que no se separa de mí. Y, no hay nadie. Nadie hay a mi alrededor. Después de tanto tiempo, hoy ya no me perturba. Me he acostumbrado a su proximidad. Incluso, he desarrollado una complicidad con esta entidad que me permite realizar osadías y demás travesuras que la imaginación me dicta. Por ejemplo, hace unos días, toqué el timbre de una casa cualquiera y continué caminando a paso lento. Sin mirar hacia atrás. En otra ocasión, aprovechando que un grupo de personas subimos al transporte público, no pagué el peaje. En realidad, esta nimiedades me confieren cierto “poder” y “libertad”, he pasado toda la vida ceñida a los prejuicios; cuando era niña por el mundo de los adultos, y de adulta del “deber ser” y las normas sociales. De obligarme a sonreír, cuando no tengo ganas, o acicalarme para no levantar murmuraciones con los vecinos, aunque no salga de casa. Dicen por ahí, que el amor es el motor de la existencia misma, por este sentimiento se es capaz de dar la vida por los hijos, los ideales o por la pasión. Sin embargo, esto puede ser cierto, obedeciendo a ciertas circunstancias. Es así porque estamos dotados con instintos, todos ellos tienen que ver con la conservación de la especie, la subsistencia. Por lo que huimos del dolor, del peligro y de la incomodidad a la mínima elevación de insulina. Aunque, considero que un propulsor habitual es el deseo. Éste es la esencia como origen de todas nuestras acciones, de la mayoría de pensamientos y lo que expresamos con disimulo o sin filtros y de frente. Depende de la personalidad. Me he pasado el 99% de mis días atajando mis caprichos. He ahogado mis afanes en aras del “que dirán”. Además, he callado mis verdaderas opiniones para no “herir” susceptibilidades de esos criterios de cristal de los semejantes que cada día se multiplican más y más y son capaces de emitir señalamientos intransigentes. Estas comunidades se reúnen en su nichos de pasarela en las redes sociales. Forom que permite exhibirse y exhibir lo que según su escala son terribles. Sin darse cuenta que ellos mismos son los Víctor Frankenstien y el monstruo en mutua cocreación; en donde ambos se devoran. Por todo esto, he llegado a desear vehementemente fundirme con mi eterna compañera. Entrar en ella para continuar vagando por el mundo. Ser una sola; ser simplemente algunos corpúsculos de la sombra. Deseo despojarme y abandonar la piel en algún basurero, ceder las entrañas en la selva para alimento o abono, dejar de emitir voz y sudores. Ambiciono ser otro fantasma; porque la sed de mirar no la he saciado. Alimentarme de imágenes sencillas como el nido de las águilas, visitar la ciudad de las sirenas y tritones, dormir sobre nubes doradas y visitar al conejo que habita en la luna. Y con todo este arsenal, escribir, escribir y no parar de escribir en el agua, en el aire, en el arcoíris y en la gran nube. Para que cada vez que mis descendientes beben, respiren, gocen, reciban noticias mías. Seré la sombra gris que se fragmenta y se rehace para correr por los ríos, en las suelas de sus botas o en las sandalias que embellecen sus pies. Me abrazaré a la gota de sudor que corre por su sien. Beberé la lágrima que tiembla entre sus pestañas. Me esconderé en el cuello de tu camisa para embelesarme de tu humor, de tu perfume, de tus palabras. Porque mi destino fue ser el vehículo para la gestión de mis cuatro vástagos. Y mi infierno es conformarme en ser su sombra. Así, como me enfrenté a la mía para repudiarla hasta que la toleré, la amé y a la primera ocasión deseo fundirme en ella. Probablemente cuando eso ocurra, podré enterarte quién es esa sombra, como se llama y demás pormenores. Aunque es posible que ya no sea tan indispensable por ella y yo seremos una misma.

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Domingo 30 de Julio de 2017

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