42/52 RETO DE ESCRITURA
Esa señora que ves ahí, vestida con falda con el ruedo que besa sus zapatos para disimular las rodillas cubiertas de costras; las mangas de su blusa esconden las cicatrices en sus muñecas; marcas de suicidas a los cuales ella abrazó. En el cuello porta un rebozo como soga , y en su pecho, destella una mancha de la sangre derramada, insignia mortal. Sus largos mechones entierran su mirada opaca y en su rostro, un orificio sin labios emite un silbido que anuncia su presencia.
No te puedo decir el color de atuendo, ni de su calzado, porque su figura se confunde con las sombras; sin embargo, en algún momento todos nos hemos abrazado a su regazo, para contarle en secreto la causa de nuestro dolor.
Esa dama es mi dueña y mi tutora. A su lado, me siento protegida. Porque, con los años he aprendido a comportarme en sociedad, sin la monserga de justificar el idilio que nos une. Por supuesto, que no siempre fue así, en algún tiempo, a todo el que quisiera escucharme le hablaba de mi ama, y aunque algunos me escuchaban, descubrí que a la larga mi letanía era un fastidio. Así que, opté por el mutismo y, el peso acumulado de mi congoja me fue hundiendo cada vez más profundo. Tan pequeña fui, que deseé desaparecer: confieso que lo intenté y no lo conseguí.
La fuerza de la naturaleza me embarneció y de nueva cuenta miré por la ventana el paso de las nubes, el color de los capullos, el parloteo de los loros y los rayos del sol.
Las palabras, de tanto estar guardadas, tardaron en recuperar su elasticidad y soltura. De mi boca salieron tímidas para después migrar en cascadas de fuego y cenizas. Ideas con alma de alfabeto: quemantes y perversas. Al cabo, ellas, de tanto usarlas, me regalaron la mesura y un poco de cordura.
Fue así, que encontré a mi doppelgänger. Somos dos entidades que cohabitan un cuerpo. Una manifiesta su infierno y maldad; y la otra sonríe, mientras cumple con las etiquetas sociales. ¿Cómo distinguir a cada una?
Solo sé, que yo le llamo, mi madre y mi confidente. Quizá tú le nombres como la Señora Tristeza.
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