35/52 RETO DE ESCRITURA

Me siento con las piernas cruzadas; la costumbre toma el control, me dirige. La izquierda abajo de la derecha. Aprieto los párpados, para evitar que lo que ocurre en el exterior me distraiga. —Uno. Uno, dos. Uno, dos y tres; uno, dos tres y cuatro… exhalo e inhalo. Mi mente en blanco. Permito que la energía fluya… mmm debo ir al supermercado por papel de baño, y jabón para lavar los trastes. —¡no! —Respiro, contengo en cuatro… Uno, dos y tres: —ah, que no se me olviden las croquetas de Pinky. —¡Carajo! En un fuerte soplido apago la veladora y aviento el tapete de yoga. La perrita sale corriendo asustada. Mi mente no quiere dejar de saltar de una idea a otra. Me han dicho que la mente es como el agua: cuándo está calmada puede reflejar la belleza que le rodea. Cuando está agitada, da igual lo que tenga enfrente. Nada se aprecia. Decido salir de la rutina. Tomo mi bolsa y las llaves del vehículo. Me dirijo a la gasolinera y lleno el tanque. 45 litros casi 600 km siempre y cuando no haga cambios bruscos de velocidad. De regreso compro los faltantes que me hacen falta. De tin marín de don pin güe: ganó mi mano derecha y me perfilo hacia el sur del estado. Inicio mi travesía hastiada del tedio de mirar cuatro paredes incrustadas de polvo mezcladas con las recurrentes decenas de añejos pensamientos. Siete horas manejando sin descanso por carretera de dos sentidos; causa tedio ya que la velocidad no rebasa los 80 km gracias a lo congestionada que se encuentra. Entre trailers, camiones y camionetas de pasajeros, autos rentados por vacacionistas despistados, automovilistas locales siempre con prisa e incluso es frecuenta toparse con motociclistas y bicicletas con más de un usuario. Me da igual. No tiene sentido manejar a la defensiva. Rebasando como si la vida dependiera de ello. Igual el pesado tránsito no me lo permite. Y no quiero hacerlo además. Me dirijo a un pueblo Mágico. Cuya denominación le obliga a mantenerse dentro de los parámetros que la Secretaria de Turismo con el afán de guardar su riqueza cultural. Preservar los atributos históricos y artísticos. A pocos kilómetros para llegar a Bacalar, un lluvia furiosa se precipita: la visibilidad es casi nula. Enciendo los faros y las intermitentes. Y los cuartos traseros del Torton que va adelante mío me guía. Mis dedos se aferran al volante con tal fuerza que pierden el color. Para distraerme busco en la playlist a The Doors y escucho “Riders on the Storm”… Un súbito estruendo que por instinto me hace frenar. El piso mojado hace derrapar mis llantas. Para no estrellarme contra el pesado camión, giro el volante para salir de la carpeta asfáltica. Seguramente no es más de 70 centímetros el escalón, pero por lo resbaladizo del lodo, mi auto se empina y gira mientras rueda hasta golpear una ceiba. Solo escucho al final el estallido junto con la bolsa de aire que me empuja, la voz de Morrison y un murmullo que acercándose a mí repite mi nombre: María Elena, María Elena, María Elena. Ven conmigo, ahora si, van a poder meditar todo lo que quieras….

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Domingo 30 de Julio de 2017

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