27/52 RETO DE ESCRITURA
Confirmando mi creencia; para ‘aprender a escribir’ se requiere sentarse a escribir. Así, sin más que la disposición de permitir el flujo del pensamiento. Escribir a partir de la primera idea o palabra. Aunque parezca una tontería. Lo que importa es dejar discurrir la mente.
Esta estrategia fue un recurso que me auto-impuse. Resulta que en el año 2013 ingresé a estudiar un diplomado de dos años de duración en la Escuela de Escritores Leopoldo Peniche Vallado. Por lo tanto todas las semanas debía entregar un escrito sobre un tema encomendado. Las primeras semanas, estas tares se convirtieron en un tormento. Porque si bien deseada ‘impresionar’ a mis maestros y compañeros, cada idea que surgía de mi flamante cabeza, la desechaba ya que nunca era la idónea, no me llegaba a gustar lo suficiente. Cada una de ellas, tenía un ‘inconveniente’ o ‘cursilería’: Mi pretensión era escribir el texto jamás nunca escrito; con un desarrollo sorpresivo que tuviera el ritmo y la tensión para perdurar en la memoria de todos los lectores. Por supuesto que no lo logré. Transcurrían los minutos y hasta las horas y mis pensamientos se desvanecían ante el muro de la inseguridad.
Cierto día, fastidiada de ver pasar el tiempo enroscada en medio de la vacilación. Me dije a mi misma. —Si finalmente escribo, lo que a mi juicio califico como bodrio: entonces me ahorro el tiempo que gasto en seleccionar de entre mis ideas geniales y empiezo a escribir a partir de la primera que llegue a mi. —Esa es la perfecta. Y así, lo hice. Saltarme el entuerto del titubeo.
Por otra parte, paralelamente recordé la estrategia de André Bretón y la escritura automática. Sus ventajas, no solo a corto plazo, que se refiere a empezar a escribir de inmediato; sino que a largo plazo, que me parece la más sustanciosa. Crear el hábito de la escritura fácil y adiestrar a los procesos cognitivos que a partir de cualquier percepción, usarla como detonante para permitir a la mano a moverse en conexión con el cerebro; o, en su defecto los dedos sobre el teclado.
Escribir, escribir, sin filtro, con soltura, sin pretensión o con ánimo. Este es mi consigna. Y, me ha funcionado. Porque al menos no caigo en el preámbulo agónico de la incertidumbre. He dejado de lado la pretensión de escribir un texto perfecto y cautivador.
Escribo, sí, para liberar la tensión emocional. Simplemente abro la compuerta y permito que avances las palabras; que se mezclen y sazonen con la emoción que en ese momento me apremie. Las mastico como norma, no más de tres o cuatro veces. Únicamente lo necesario para poder tragarlas, empujadas por otros sustantivos y verbos para satisfacer mis necesidades.
He dejado de lado, el ego. Ya no insisto en causar asombro entre mis lectores. Porque mi objetivo fundamental es escribir y con ello permitir aflojar mis articulaciones y lubricar con saliva y letras mis angustias.
A varios años de usar este método. He logrado en el 90% de las veces en que me dispongo a narrar logro desarrollar una historia. Que al cabo de un par de días, lo releo y corrijo un par de palabras. Y hasta ahí. Porque este es otro tema; si leo cinco, diez o veinte veces el texto, me dá material para reformarlo. Y, eso tampoco es vida. Así que abandono mi escrito después de un par de veces en que lo he modificado, y listo. Así que puedo afirmar que he logrado ahorrar tiempo valioso y sobre todo estrés. Y, las otros 10% son las veces en que realizo un esqueleto o escaleta para cubrir los incisos que se requieren: ya sea por tratarse de una tarea o porque así me es conveniente.
Ahora, el siguiente paso es esperar tener lectores; ya que no he logrado motivar a que respondan en el blog.
Por favor: si honestamente te ha parecido atractivo mi presente entrada, ¿podrías, darme tu opinión? Gracias.

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