26/52 RETO DE ESCRITURA

29 de mayo de 2022 Hoy se cumplen ocho años de tu partida. Y sin embargo, por increíble que parezca es posible que aún no logre discernir y finiquitar los lazos que nos unen; los sentimientos que me generas y, reconocerlos cabalmente con benevolencia. Honestamente, a estas alturas de mi vida me causa vergüenza constatar gracias a este tipo de pensamientos recurrentes que todavía me encuentro estancada. Dando vueltas en la rueda como Hámster. Denotando una pequeñez de espíritu práctico y efectivo que no ha logrado instalar en mi centro motor la estabilidad emocional que me permita superar este episodio y continuar mi andar, sin tener que estar arrastrando ese pasado ‘incómodo’. Por lo regular, como hábito me pongo a rumiar mis dolores y traumas. ¿Cómo debe traducir este mecanismo de control? Estúpido y más que nada denigrante para mi personalidad. Ocasionalmente como estrategia conveniente elijo mirar el lado afable: eras un hombre culto, voraz lector y excelente conversador; y, eso me agrada. Sin embargo, también está la parte obscura. El lodazal que me salpicó y manchó; el que finalmente me llevó al socavón en donde caí. Empujada por el resonar dentro de mis cabeza de tu estúpida justificación para rechazarme. Durante algunos periodos de mi existencia, he logrado enterrar todo el tema junto con las docenas de cuestionamientos: no obstante, sin aviso, como borbotones de lava del volcán de la insatisfacción surgen de nuevo y como una loza me arrastra de nueva cuenta, para hundirme en las profundidades: caigo en picada abrazada a mi ego maltrecho. Alter ego roto y mal herido por saberse no aceptado y reconocido como parte de tu linaje. Y cuando, aparentemente estoy sosegada, escudriño mis reminiscencias y atisbo lo que otros dicen de ti: con ahínco busco una locución que te defina; algún rasgo físico, un ademán, aptitudes paralelas y afinidades en tus viejas fotografías, en la de tus hijos… en fin; un signo que proclame nuestro parentesco. Me busco a mi misma en tí o en lo tuyo sin encontrarme: Por lo que invento cien historias, donde entablamos diálogos amorosos. Empiezo con el intercambio de interjecciones hasta que alzo un chillido y casi a gritos te llamo. Al llegar repites un discurso cien veces; estrategia para acallar mi reclamo y emites razones por las que me arrojaste. Le cura la tengo en la punta de la lengua. Intuyo mi respuesta. Es cuestión de soltar y permitir que con el poder de la palabra sea decretada y habite en la atmósfera blandiendo la espada de la justicia con la ecuanimidad. ¡En realidad, no es tan importante!

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