16/52 RETO DE ESCRITURA

Así, en frío a partir del primer pensamiento es que genero este texto: reconocerme a mi misma con las emociones y sensaciones que experimento cada vez que escribo. Para lograrlo llevo a cabo una secuencia de auto escaneo corporal y emocional. Esto es lo que llamo escritura intuitiva. En primer lugar tomo conciencia de mi cuerpo: mis piernas cruzadas, con los dos pies apoyados sobre el piso. Ejerciendo su autonomía: la derecha sobre la izquierda o viceversa, incluso plegadas sobre la silla. Remembranza de mi época de niña. Mis manos sobre el teclado. Sin mirarlo, salvo en las pequeñas pausas en donde titubeo para decidirme cual palabra ingresar a mi escrito. La mirada como fiel testigo del cursor en mi pantalla que va adelante del signo. Solo para confirmar que he pulsado la tecla correcta. Más adentro de la dermis mi atención se fija en mi amado corazón. Sí, escribí amado y lo reitero. Este órgano de color rojo - violeta es junto con mi cerebro mis líderes, mis guías y el centro de mis afectos. Probablemente debería de agregar a mi útero, pero como este cáliz señalaría otro perfil de mi historia, lo dejo solo en mención. Regresando a mi corazón, mi primer contacto es kinestésico, lo percibo como un ante autónomo, con inteligencia y voluntad propia; es más sería capaz de salirse de mi cuerpo y caminar, de interactuar y accionar por sí mismo. Con sus piecitos formadas por las arterias coronarias y pulmonares: y sus manitas con las venas cavas. Así con su rítmico andar, que en ocasiones atrapado por el frenesí daría leves brincos asincopados. Que a estas alturas, son frecuentes. Entiendo que es su manera de llamar mi atención. Además, mi corazón en esta travesía por calles y paisajes, lleva una sonrisa y en su mirada, húmeda con anís y miel se aprecia el amor que lo impulsa sin descanso. Continuando con mi proceso creativo, dejo en descanso a la razón, el cerebro trabaja desde un plano subterráneo, porque finalmente es mi receptáculo cognitivo, y por lo tanto el filtro e intérprete de mi lectura que del mundo recibo. Emerge en todo su esplendor mi instinto, mi intuición que me dicta las imágenes para describirlas en mis textos que desarrollo. Confieso que hay una voz interior que me dicta. Y espero, que no sea la voz interior produciendo un narrador espejo de otros. Esto me convertiría en un megáfono. Y no es mi deseo. Solo quiero ser eco de mi interior. Para ventilar mis demonios y alumbrar la sombra que me antecede. Abrazar estas espinas y lamer las punciones para resarcir mis lamentaciones. Considero que sin pensar el desarrollo que debo seguir al redactar, obedezco mi sabiduría acumulada; y eso, es suficiente para mi. Porque escribo para mi misma. Para reconocerme y llenarme de asombro: para acariciarme, besarme y hacerme el amor con las palabras. Con el beneplácito de ver cómo voy añadiendo, a la antes temida hoja en blanco, cientos de sílabas y consonantes. Escribo todos los días, porque es parte de mi sana comunicación conmigo y con el exterior. No preciso de nada más. Esto es suficiente. Ya que para escribir, para aprender a escribir basta con conocer al alfabeto. Lo demás, llega con la práctica. Escribamos juntos cada día el testimonio de nuestra existencia.

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Domingo 30 de Julio de 2017

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