11/52 RETO DE ESCRITURA
11/52 Reto de escritura
Sábado 12 de febrero de 2022
Una y otra vez, me plateo la pregunta ¿Qué es lo que realmente deseo? ¿Qué es lo que quiero? ¿Qué anhelo en lo más profundo de mi ser?
Estas preguntas, me permiten acercarme a mi verdadero propósito y sobre todo me ubica en la lucha entre el deber y el querer.
Por ejemplo, atravesada por las expectativas; propias y sociales. De lo que se supone debe ser y de lo que en realidad es. Es el juego implacable de lograr la aceptación social a como de lugar: en el mejor de los casos, incluso, se pretende justificar con actitudes disfrazadas de pacifistas y no generar conflictos con los seres queridos. Como argumento precisamente es encontrar el justo medio entre la tolerancia, comprensión y el bajar la cabeza para no mirar de frente. Para no retar al otro. Disyuntiva que requiere tomar decisiones definitivas. Dejar de fingir.
He perdido el deseo de esgrimir la espada ante la menor provocación. Si, porque me recuerdo alzando la voz y encarando a cualquiera. Es más, entre más grande y poderoso era mejor. Me echaba para adelante en una posición francamente desafiante. No conocía el miedo, el dolor.
Hoy, todo es distinto. Un día me rompí y de lo que logré salvar, reconstruí un remedo de la mujer altanera y pendenciera que una vez fui.
La mujer actual que soy, es en realidad un oveja trasquilada.
Allá, en lo más recóndito de mi espíritu se encuentra un pequeño destello del clamor que en otros tiempos me llenaba toda. Y, cuando agobiada por la duda y la insatisfacción realizo mi rutina: esta sarta de cuestionamientos para descubrir mi verdadero pulsar. Todo un trabajo reflexivo, un despejar velos. El más común se relaciona con la permanencia en la zona de confort. El continuar operando con el mínimo esfuerzo.
Por ejemplo, entre más ejecute la rutina no utilizo nuevas metodologías que me ahorran esfuerzo y energía. Sin sorpresas ni sobresaltos.
Así que, en este ejercicio de honestidad y lealtad conmigo misma, me reconozco compleja, en el borde de la racionalidad que para recobrar, al menos por un par de días la ecuanimidad me pregunto: ¿qué es lo que realmente quiero?
Mi respuesta: Vivir en Xanadú.
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