7/52 RETO DE ESCRITURA
7/52 reto de escritura
Mi cabecita loca, al momento de disponerme a escribir esta entrada, recuerda fragmentos del libro que hace una par de semanas leí: “El vendedor de silencio” del escritor Enrique Serna que es la biografía de Carlos Denegri, que fue catalogado en los años 40, 50 y 60’s como el mejor periodista de México. En este libro, como es natural hace referencia a su labor diaria de escribir artículos o reportajes para los medios en los cuales colaboraba, el prestigiado periodista. Y en esta suerte, sin mencionarlo se perfila la habilidad y pericia con la que cuentan los escritores “profesionales”. Me imagino, al señor sentado frente a su máquina de escribir, acompañado de su block de notas y empezar a escribir de corrido. Es probable que pudiera hacer un ajuste o cambio al final. Sin embargo, lo engorroso del asunto es que por ser un tarea realizada en una artefacto que no admite la corrección, sino que se debe volver a iniciar desde el principio el susodicho documento hasta que quede lo mejor posible. Así que obligaba, al escribano a fincar todos sus sentidos para hacerlo a la primera. Y evitar demoras. Bendito escritor.
Yo recuerdo mi época de estudiante en secundaria allá por la década de los 70’s en el siglo XX, en mi querido Instituto Guadalupe Insurgentes de las madres pasionistas, cuando la maestra de Cocina, nos solicitaba presentar mecanografiados todas las recetas y los apuntes sobre la conservación de alimentos y demás temas. Al final del mes me veía un día antes de la fecha de entrega apurada torturando las teclas de mi Olivetti Lettera 32 a cuatro dedos; y no se diga el rodillo que era masacrado por el desplante de jalar con furia la hoja de papel amartillada de color rosa y márgenes como marco de pequeñas figuras de color negro cada vez que mi torpeza se hacia evidente. Así que por un lado iba colocando las recetas con su respectivo recorte de revista que ilustrara el platillo y, por el otro lado en el bote de basura se apilaba las hojas arrugadas o rotas guardando los errores ortográficos. ¡Cuánto desperdicio!
Como dato complementario, durante esa época también escribía en cuadernos o libretas bajo el título e “Mi querido Diario”: ellos también tenían tachaduras, porque la tinta del bolígrafo no se borraba por completo, y para evitar pérdida de tiempo, era más fácil rayonear la palabra y escribir a continuación la correcta.
Entonces, los profesionales de la letras debían no solo estar seguros de su mensaje, sino que además tener plenamente definido su estilo y poseer conocimientos gramáticas amplios.
Todo esto viene a colación, ya que en esta aventura que se llama Reto de escritura. Si no fuera por el procesador de texto tardaría un par de horas para escribir una cuartilla. Un maestro me dijo que nunca se termina un texto; se abandona. Con el afán de preservar la mía, (salud mental) en la medida de lo posible, he optado por abandonar mis textos cuando aún son recién nacidos. Debo confiar en mi instinto. Ja ja ja.
Y, tú ¿cómo es tu proceso de escritura?
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