06/52 week writing challenge
06/52
Ay caray. Honestamente por el cúmulo de actividades no realicé la publicación semanal del reto de escritura correspondiente al 9 de enero. A la brevedad posible me pondré al corriente.
El tema de esta semana será sobre mi hábito para escribir todos los días y los devenires que de esta actividad se desprenden:
Parto del supuesto que todos los seres humanos somos por naturaleza seres sociales. Desde mi entendimiento eso quiere decir que requiero vivir en comunidad para satisfacer las demandas que mi ego y mi psiquis reclaman para su sano desarrollo.
Aunque habemos personas, como yo introvertidas, es indispensable tener acceso a los privilegios con los que se goza dentro de sociedad. No deseo detenerme en esta parte, simplemente te invito a pensar en la evolución de ese primer grupo de homínidos que gracias al apoyo mutuo logró llegar a donde hoy en día nos encontramos: la era de la información, y agrego yo, a la Revolución Digital. Para mí, esta nueva realidad que desde el 2020 vivimos en situación de confinamiento voluntario me ha obligado a volcarme ante el monitor para atisbar en los grupos a los que me he integrado. Forzarme a peinarme, pintarme los labios de color rojo y vestirme con mis mejores blusas: aunque de la cintura para abajo siga usando mi pijama y las pantuflas. Que a fuerza de arrastras los pies por la estancia de mi casa, ya casi no cuenta con suela. Si bien me sigo bañando sigo usando perfume. No vaya ser que de un momento a otro, no solo se comparta la imagen, la voz: sino además el aroma.
Para conservar una buena reputación, tengo a la mano un vaso de agua cristalina que con modosidad bebo ante la cámara encendida a sorbos pequeños y amplitud de sonrisa, aunque en realidad mantengo fuera de foco otro vaso con mi refresco de cola o incluso la copa de vino.
Es más, de tanto en tanto, cuando la ansiedad se apodera, recurro a la golosina o botana que mis dientes necesitan para entretenerse, rumiando: mascando en fingida serenidad.
Así, han transcurrido mis días, con un cúmulo de tareas realizadas a destiempo. En mis días se suman actividades dislocadas que se mezclan entre las palabras que pienso mientras lavo los trastes, a las que escribo a pesar de tener la intención de recordar las concebidas durante las labores. Aunque no haya terminado ni el párrafo debo levantarme de mi silla para servir el desayuno y mientras se calientas las tortillas de la comida, recuerdo el horario de la siguiente reunión del club de lectura, o de la sesión de escritura con mi grupo.
Presurosa, respondo un mensaje en el celular sin dejar de incluir por cada palabra uno o dos emojis: por eso de que es posible que mi amiga guste de ellos. Y es primordial transmitir un buena vibra.
Lo que evito, son mirar los videos o las noticias que me envían. ¿Cómo para qué? Agregar penurias amplificadas que más que informar, están destinadas a despertar el morbo y vender al público consumidor de este tipo de notas. Incluso mucho de ellas son productos de la imaginación.
Entonces, si somos sociales y nuestra vocación es contribuir mi propósito es sencillamente ese: compartirme. Por eso es que escribo esta sarta de sandeces.
Y, tú, ¿porqué escribes?
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