Instructivo
INSTRUCTIVO
Para vivir conmigo misma, es necesario seguir estas indicaciones; desde la intención plena, compasiva y amorosa:
Yo me propongo que recibamos cada día, mirando de frente el amanecer, para absorber la energía vital del Rey y, cuando, nuestras palpitaciones se hermanen, simplemente sonreír, sin emitir palabra.
Beberemos café juntas. Escucharemos nuestro instinto. Ese, él que se ha bañado en gotas saladas y secado con agua calcinada. Con quien compartimos además de huesos, vísceras y una piel hambrienta, un registro de emociones y memorias que remiten a mi libreta con recortes de periódico y un itinerario de especulaciones. No obstante, yo y yo misma, nos manifestamos en diferentes prismas. Dependiendo de la intensidad del rayo que nos palpa.
Para el medio día: seguramente hemos añadido actividades. Tú con tus labores terrenales: como es el ungir los alimentos para la nutrición del cuerpo y yo, consagrar mis letras para codificar mi ser, mi razón y mi latir. Narrar es el campo en donde pugnamos, y, además, gracias a la música que escuchamos mientras tanto, permanecemos alineadas en la nostalgia de nuestra juventud estropeada y, con ella, y esas melodías orgánicas, recuperamos la promesa que juramos entonces: ¡nunca esquivar la mirada!
La noche nos cubre con su fulgor y nos acicala con el color de cada astro. Juntas miramos la luna nómada de estos nuestros caminos paralelos. El suave aroma a tierra fresca se cuela por la ventana y se esparce por la habitación, propiciando ese silencio nocturno, con voz de cigarra, para que nuestras células se comuniquen entre sí, arrulladas por el vaivén de las ramas mecidas gracias a la brisa marina y así, cerrando los ojos, pactemos el sosiego y la tranquilidad del saber que cuentas conmigo y cuento contigo. Evidente entrega a ojos cerrados.
La magia cobra importancia, porque somos capaces entonces, de interpretar la voz muda de páginas opacas o brillantes de los textos; para llenar los espacios que emergen en nuestra cabeza. Porque hemos gastado el llanto y los deleites. Y ellos, los libros, nos permiten colmarnos es sus arrebatos.
¿Sabes, tú pequeña y amada mía, qué mi mayor curiosidad ha sido, descubrirte en el reflejo de lo que me corresponde? Escucharte en la armonía. Te he tocado en la aspereza del mármol. Te he mirado en la piel del mar, en el danza de flores y de melancolías, en el susurro del forastero que alimentó mi placer sin amor y en la cotidianidad de las hormigas… te he reconocido en los ojos de mis ancestras y en el porvenir de mi nieta. He visto mi sonrisa en tí, hermana, que hoy me lees.
Por lo que, deseo para ti, mujer, que te atrevas, que reúnas las victorias y agigantes tu voluntad para realizar tus corazonadas. Porque eso somos, las mujeres: un gran corazón. Entrelazadas por las sonrisas y las lágrimas. Pulsamos en sintonía con Gea y con todas sus hijas ausentes y las espectadoras que miramos con vehemencia el fruto nuestro.
Soy, eres, somos: mujeres desbordadas de emoción.
501 palabras
MEHM
28 julio 2020
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