AROMAS

La bóveda, se yergue holgazana y muestra el color del paraíso celestial. No se aprecia ningún polizonte. Salvo un punto negro que resulta ser el cazador alado que escudriña el terreno volando en perfectas geometrías. Círculos sin fin. Y justo en el zenit, cuando el astro mayor concede plomo y los más avispados se amparan bajo el corpulento matorral, o al menos, bajo el resguardo de alguna sombra que surja desde la jungla gris desmayada sobre el pavimento. Justo ahí, una nube curiosa, se ha separado del rebaño, aburrida de la trayectoria de los Alisios y desencantada de convivir en hacinamiento. Las otras, sus compañeras, no comprenden que es posible divisar otros panoramas y sobre todo respirar diferentes aromas. No, por supuesto que no, no son los mismos espíritus que se elevan gracias a la humedad en la entrega. Cada región tiene su propia emanación. La nube tal cual acosadora, en sigilo explora el terreno y en el momento oportuno, se despabila y desata los cabellos. De ellos escurren pequeños ápices líquidos que besan el terreno. Estos cuantos luminosos resbalan tímidos y terminan por precipitarse cegados por la euforia. Uno tras otro, embriagados del festín terrenal. Primero, alcanzan a tocar los dedos de cada árbol, mojan los bigotes de los gatos, sacian los pistilos de las flores y caminan incluso, hasta reunirse en los cristales de las ventanas que los rescatan. Es así, que esta nubecita se multiplica en cada charco del asfalto y se mira reflejada en las gotas atrapadas entre los pliegues de la piel agrietada de cada terrón y entre las piedras que yacen sobre el cementerio que la sequía ha engendrado. Así, es que llega la transformación y brota el perfume, el petricor, para enajenar la razón de la nube forastera. En algunas ocasiones, intoxicada por el aroma, por poco y llega al punto del no retorno. Y ha estado a casi nada de sucumbir al quedarse con tan solo unas pocas gotas que le permitan continuar en este ciclo perpetuo de llenarse para vaciarse. Esta es la perdición de ella. Navegar errante, separada de la rosa de los vientos, siguiendo el placer de su olfato insaciable. MEHM 08 de agosto 2020

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