ENFERMEDAD CONTAGIOSA
 
La adicción es una enfermedad contagiosa: sin cura permanente, ni vacuna que nos inocule contra sus efectos perniciosos. Pese que hoy en día se conocen diversos tratamientos para controlarla, pese a ellos, la mejor propuesta es la educación preventiva y de protección social a gran escala.


Vivimos inmersos en una vorágine de sucesos que nos envuelven y arrastran; sin poder contener los embates que nos prodiga esta situación. Nuestra sociedad se caracteriza por el consumismo descarrilado, que nos lleva a la -condición- de desear adquirir lo que recién se anuncia en el mundo de la moda, de la tecnología, de los enseres y artículos que nos “proporcionaran” el estatus social de las grandes mayorías; por mencionar solo algunos de sus aspectos. Es posible que a falta de recursos para adquirirlos, es pueda desarrollar otros –medios- para encajar en esta sociedad. Dentro de estos medios se encuentran el consumo de substancias como la nicotina, el alcohol, mariguana, inhalantes, cocaína, heroína y demás drogas de las llamadas “De diseño”; empezando paulatina y progresivamente con el consumo social, de ocasión en fiestas o reuniones, hasta convertirse, en muchos de los cosas en adicciones severas que segregan a estos individuos para convertirlos en personas indeseables, marginadas y finalmente solitarias: muy lejos de su primer deseo: la aceptación dentro de su grupo social.

Es importante mencionar que el uso de estas substancias, añadiendo los hongos alucinógenos, plantas “maestras” como la ayahuasca y las cactáceas como el peyote han sido utilizado desde tiempos antiguos con fines religiosos, terapéuticos, disparadores creativos y lúdicos.

Ya en los años 60’s con la explosión del Flower Power se popularizó el uso de enervantes como la mariguana, en el menos peor de los casos, y el opio y la heroína, sin embargo, en el groso social mexicano era tema que se comentaba entre susurros, aludiendo a la falta de moral de estos “hippies” señalando además, a sus padres como ineficaces. Con el paso de los años, aunado el boom tecnológico y de la creación del internet, que prodiga información y desinformación al mismo tiempo, dinamizó y alteró la cotineidad social en todos los sentidos: esta información enfocada en el tema de las adicciones, informó sobre ellas: sus precursores, sus tratamientos y consecuencias nefastas que acarrean, por una parte, pero también alentó la proliferación de estas drogas y las llamadas sobre diseño, evidenciando el sentido de pertenencia que algunos sectores mencionan como parte de sus actividades. Lo alarmante es que esta desinformación está al alcance de cada vez más niños, afectando su natural y sano desarrollo.

A partir de los 90’s la drogadicción es considerada un problema social que afecta la economía, la seguridad pública y sobre todo es un problema de salud nacional en primera instancia. Por lo que se ha redefinido como una enfermedad. El cerebro desarrolla cambios químicos y estructurales para compensar el suministro de estas substancias en el organismo, afectando el funcionamiento de ese órgano, hasta llegar en muchos de los casos a la muerte del enfermo; ya sea por el deterioro del organismo, o como consecuencia de las actividades delictivas que él mismo comete como medio para obtener el suministro diario que su cuerpo demanda, al ser cada día mayor, puede provocar además, si no es satisfecho, el Síndrome de abstinencia, que se presenta y sin la adecuada atención médica, este Síndrome, es mortal. Esta atención médica implica el suministro de fármacos que conlleven a una paulatina desintoxicación corporal, y la terapéutica sicológica para ponderar al individuo.

El individuo desde el punto de vista físico y mental, es producto de su genética en un 40% y de su contexto social en un 60% aproximadamente. Por lo que no basta con la genética del menor que ha heredado de sus padres, sino que la misma influencia social es altamente influyente y contundente. El niño o joven, incluso ya adulto tomará decisiones en donde el modus vivendi de su entorno, de su círculo de amistades, de la información que lee en Internet, específicamente en las redes sociales; predispone para que su elección “cuadre” de acuerdo con estos cánones sociales vigentes, identificadores y desear –igualarse- al círculo al que se quiere asemejar. Integrarse e interactuar con seguridad de ser aceptado y respetado es su primera obsesión que lamentablemente, podría degenerar en el uso de drogas, por ejemplo. Por lo que esta enfermedad es una “Enfermedad contagiosa”.

Por esta razón los niños y adolescentes son el punto de enfoque para la prevención de esta enfermedad. Este grupo vulnerable, es fundamental para no ver afectando a la vez su bienestar familiar, social, nacional y mundial.

Esto requiere un esfuerzo universal para tomar medidas. Por lo que sugiero que en primer lugar se debe despenalizar el uso de estas substancias para contrarrestar la delincuencia organizada; regular la procedencia, y/o fabricación de estas drogas para ejercer un control de calidad estricto y supervisar su venta; difusión de programas educativos e informativos en escuelas, hospitales, etc. y demás sectores mediáticos. Y sobre todo implementar un protocolo para la detección del uso en sector salud público y en caso de ser confirmado el tratamiento integral pertinente del enfermo y orientación familiar.

No olvidemos que la solución somos todos.


¿Porqué elegí este tema?
Hace un par de días se polemizó sobre el resiente dictamen de la Suprema Corte en donde se falló a favor del uso de la mariguana con fines médicos a cuatro personas. Discusión que trajo de nueva cuenta otra controversia, guardada en el cajón desde hace algunos años, sobre la posibilidad de despenalizar las drogas en México. Este tema es en sí mismo un problema de índole moral, para las grandes mayorías, olvidando que es un grave problema integral y contextual humano, pero sobre todo de seguridad social en nuestro país: la droga es la madre de los cárteles y sus respectivas consecuencias. Han implantado, además, la terrible inseguridad que hoy vivimos por estar a expensas de mentes criminales, cuyo única finalidad es convertir a cada ciudadano en consumidor de sus –productos-, para caracterizar la línea mercantil, su poderío económico y su supremacía sobre todos. Si en lugar de destinar recursos para “perseguir a los integrantes de estas organizaciones delictivas” se unificara la intención en despenalizarla y al legalizarla con el pago de impuestos por ejemplo, invertir en programas educativos preventivos y en tratamientos para la –cura de esta enfermedad-, se frenaría la corrupción, la guerra entre cárteles, la extorsión y demás horrores, que hoy son la noticia cotidiana. Creo yo, que los principales argumentos en pro de la NO legalización de las drogas, provienen en gran medida de aquellos en quienes están depositados nuestro gobierno; instituciones y corporaciones, que dejarían de recibir los –beneficios- de este tráfico de drogas, aludiendo al perjuicio que acarrearía en la sociedad desde su perspectiva egoísta.

¿De dónde partí para empezar a escribir? Después de la lectura del tema, partí tomando en cuenta mis conocimientos previos. Mi única fuente de información fue el texto de la periodista. Sin tener más que escribir un ensayo desde mi propio punto de vista.


FUENTE: Guerrero Mothelet, V. (2013). El cerebro adicto. ¿Cómo ves?, N°. 177, (Pp. 10-14). México: UNAM. Recuperado el 13/04/15, de: http://www.comoves.unam.mx/numeros/articulo/177/el-cerebro-adicto

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